Experiencia en el Pitic

Escrito por Mafa Jones en Sin sentido, en Mayo 30, 2007 a las 12:33 pm

Día 1

“Huele a hierbabuena”, dije a Oswaldo justo en el cruce de la calle Yáñez y Rosales. Ibamos en Zacha -la scooter- rumbo a las Fiestas del Pitic. Era jueves por la noche y el primer día del jolgorio local.

Llegamos al centro de la ciudad, rodeando las calles clausuradas por vallas de tubos blancos que sólo permitían la entrada de peatones.

En los alrededores llenos de automóviles estacionados, personas de todas las edades caminaban rumbo al evento.

“La Mayoli y el Kiki ya han de estar en la Plaza Hidalgo”, le comenté, mientras él buscaba un “backdoor” para meter a Zacha en un lugar cercano y seguro.

Hasta el momento habíamos encontrado policías en cada una de las vallas. La idea era encontrar un spot desprotegido por la autoridad. Al fin, por la calle Galeana -una cuadra antes de llegar al Boulevard Hidalgo- localizamos el puente perfecto… caminando por media calle alcanzamos a ver la delgada silueta del Choin.

Nuestra suerte capeadora de elementos policiacos se acabó al casi llegar al escenario ubicado en la Plaza Alonso Vidal; por lo que Oswaldo, de golpe, giró hacia la derecha y estacionó cómodamente a Zacha sobre una banqueta, junto a los bomberos.

Nos bajamos y caminamos un poco. En el punto estratégico de reunión, el cruce de Boulevard Hidalgo y Comonfort, nos alcanzó el Ñañas -a quien no veíamos desde hace mucho tiempo-, luego llegaron el Sammy y la Paloma. Nos despedimos y fuimos a dar una vuelta para ver qué era lo que los puestos nos ofrecían.

Chácharas chinas, monitos de plástico, foquitos multicolores, máscaras de luchador y pulseras tejidas a la venta fueron lo que más captó mi atención.

Llegamos al puesto de la cheve: Oswaldo pidió un vaso.

Seguimos caminando rumbo a la Plaza Hidalgo. Al pasar por el escenario principal, Alejandro Tomassi -con tono de parroquiano plumablanquero- inauguraba formalmente el evento que duraría cuatro días; ahí nos encontramos a Natchío.

Continuamos con nuestra caminata. Decenas de personas venían en dirección opuesta, cruzando por la Rosales, ya que estaba a punto de iniciar el espectáculo del Grupo Jarocho.

Llegamos a la Plaza Hidalgo, caminamos un poco entre la gente. La mayor novedad es que el gobierno municipal hizo mejoras al centro histórico de Hermosillo, ahora las calles ya parecen serlo. Me detuvo un momento el impulso de hacerme una trencita de colores, en un puesto de hippiosos, pero preferí seguir de paso y ahorrarme unos cuantos pesos.

Por fin dimos con Kiki y Mayoli, estaban sentados con cara de exhaustos en una banca junto a su puesto de estambres. Nos sentamos a su lado un rato, viendo a la gente pasar y si… inevitablemente riéndonos de muchos. La diversidad de la fauna humana no era para menos.

Al cabo de un rato, caminamos de vuelta hacia la Plaza Alonso Vidal. Ahí nos detuvimos a saludar al buen Loko y a Hermes; nos comentaron que presentarían su show de capoeira el día sábado.

Pasos más adelante platicamos con el Punky y Joel García, bebedores de la vieja guardia y antiguos amigos de la universidad. El grupo Jarocho tocaba y la coreografía estaba al punto. Por mi baja estatura, sólo los alcanzaba a ver en la pantalla gigante; pero fue suficiente para reconocer que el espectáculo valía la pena. “Son como Pink Floyd folklórico”, dijo el Punky mientras tomaba otro sorbo de cerveza. Ya extrañaba sus conceptualizaciones.

Día 2

Llegué a la oficina a pie, con la urgencia de dejar los problemas familiares en casa. Oswaldo no estaba, así es que le llamé para confirmar si iríamos a las Fiestas.

Al cabo de unos cuantos minutos llegó; tomé mi casco, un recipiente con agua y nos volvimos a aventurar.

Recuerdo pocos detalles, mi memoria es volátil; más lo que si llega a la mente es la sensación: fue el día que la pasé mejor.

Al hacer nuestro recorrido al puesto de cerveza nos encontramos de nuevo con Choin, sólo que ahora platicando con Joel Montoya. “Estoy hasta la madre… bien engentado”, decía el Choin. “No mames, cabrón, para engentarte tienes que ser sonorense… ¿sabes que en ninguna otra parte de la república se engentan?”, contestaba Joel. Entre palabras me presentó a su nuevo bebé, Nicolás, rubio y calmado como Ana, su esposa.

Seguimos acercándonos al águila de Tecate y nos topamos con Natchío. Mientras platicábamos con él, de la nada salió el Pato tratando de hablar por celular, pues estaba afónico.

Nos despedimos para ir a esperar el espectáculo de Pilar Rioja, bailarina de flamenco que pronto se despedirá de los escenarios. Ahí recibí la llamada de Linda que venía en camino con la banda. Nos encontramos a Fer y a su mamá, después nos alcanzaron Linda, Warache, David y Karla.

Pilar Rioja comenzó su discurso -lo menos esperado por su servidora, pues yo iba a ver a la septagenaria bailar-; después de palabras y videos, me di por vencida y propuse irnos a sentar. En el camino nos encontramos al Carlitos Licón y a su esposa Elizabeth… curioso, porque unos minutos antes Oswaldo y yo platicábamos que nos faltaba encontrarnos con él y con el buen Benja, en el desfile de personajes.

Encontramos un buen lugar junto al trolebús. Ahí estuvimos hasta que la Rioja acabó con su show. Al finalizar nos encontramos con Mayoli, Kike y Flavio frente al puesto de cerveza y estuvimos ahí hasta las dos de la mañana.

Día 3

La noche del sábado sólo fuimos a visitar a Regina Orozco y a Alejandro Marcovich, pues era el cumpleaños número 30 de Conrado y teníamos una cita en su casa.

Como Loko y Hermes se presentarían junto con el grupo de capoeira, primero que nada pasamos por la Plaza Leona Vicario a ver si alcanzábamos a verlos pues salimos algo tarde. No tuvimos suerte, más si vimos al grupo Buena Vibra que estaba dando un buen show lleno de colores, malabaristas, zanqueros y ska. Nos alejamos rumbo al estacionamiento del Colegio de Sonora, donde se presentaría la Orozco, mientras escuchábamos al vocalista agradecer la respuesta de la raza.

Llegamos a la siguiente parada en Zacha, Oswaldo no titubeó en entrar montados en ella al lugar de la presentación. Un elemento de seguridad de las Fiestas se puso en nuestro camino: “no puede pasar con vehículos motorizados aquí”, dijo; Oswaldo le respondió: “simón, nomás me voy a estacionar”. Como diríamos geekmente en nuestra oficina: 0wn3d.

El show ya había empezado. Era demasiada gente la que estaba ya presente. Poco podía ver, así es que sólo nos quedamos a oir dos canciones y nos fuimos de vuelta a la Leona Vicario.

A lo lejos, sobre la mancha de gente, resaltaba la cabeza de Kike por lo que llegamos directo a donde estaba él con su prima; entramos junto con el esperado argentino. Fernando Fuentes estaba al micrófono.

El grupo empezó a tocar, más caras conocidas alrededor. No sé si la edad te hace ver las cosas diferente, tal vez en otro tiempo me hubiera desvivido por estar ahí y poder evocar aquellos conciertos de Caifanes en el Centro de Usos Múltiples; sentí nostalgia, si, por los viejos tiempos… pero el grupo -incluso Marcovich- dejó mucho que desear. Nos fuimos a la fiesta de Conrado.

Día 4

Esperaba este último día con muchas ganas pues estaría en el escenario del Colegio de Sonora Susana Zavaleta para deleite de los caballeros y de las pocas damas que reconocemos su belleza, personalidad e intelecto. Dos noches antes habíamos estado debatiendo sobre si era o no causal de divorcio que la Zavaleta, dentro del show, besara a nuestro objeto de afecto. Linda y yo insistíamos en que no lo era, mientras Mayoli defendía su postura de negación.

El lugar estaba atascado de gente de todas las edades, los olores eran intensos.

A los minutos llegó nuestro presidente municipal; las señoras lo detenían para platicar con él, para hacerle preguntas. Al perderse entre la gente rumbo al escenario, escuché a un señor con una bebé en brazos decirle a su esposa: “vieja, dile que nosotros necesitamos un Nintendo en la casa”.

Gracias a las maravillas de la tecnología, nos estábamos comunicando con los cuates vía celular. Papi -quien estaba entusiasmado por lo que la Zavaleta prometía- andaba en los alrededores intentando encontrar estacionamiento. Linda, David y Karla llegaban.

Por fin Papi desistió de la idea llegar pues su baja estatura sólo lo tendría ejercitando las pantorrillas -como a mí- intentando ver el espectáculo.

Momentos después llegaron Danny y Sol, pero optaron por ir a caminar por las calles pues de plano no alcanzábamos a ver nada.

La voz de Susana Zavaleta era divina, pero no lo suficiente como para detenernos. Preferimos irnos al escenario principal para esperar a Willie Colón y comprar cerveza, huyendo del olor a pañales y sudor.

En el mismo punto de reunión estuvimos viendo pasar gente, hasta que salió Alejandro Tomassi -de nuevo- para presentar el siguiente espectáculo y despedirse de las Fiestas del Pitic.

Terminamos entre los bailes de David al son de la salsa y la buena vibra; con una buena experiencia de cuatro días.

Ya veremos el año que entra qué es lo que arrojará nuestro balance de aventuras.

6 comentarios op “Experiencia en el Pitic”

  1. Mayoli said:

    Fue un gusto encontrarlos por alla…coincido contigo en que el viernes fue el mejor, o al menos yo tb me la pasé mas divertido! y eso que no les platicamos la aventura final de ese día eh! resulta que cuando nos despedimos de ustedes e ibamos rumbo al carro, llegando al estacionamiento nos dimos cuenta de que lo habian dejado encerrado :( se fue el velador y cerró todo con candado dejando mi carrito adentro hahahahahah pues ni modo, hasta el otro dia en la tarde lo pudimos sacar :P

    Muchos saludos amiga! con ustedes siempre nos reimos mucho! gracias!

  2. Mafa Jones said:

    Comadre, ¿o sea que andaban a patín? ¡Hombre! Qué mal… hahaha Pero, no manches, cómo les pasan cosas a Ustedes, :P

    Una limpia, una limpia, ;)

  3. Oswaldo said:

    El día de la inauguración, Alejandro Tomasi leyó mal la tarjeta y dijo: ¡Es inaudito!

  4. Mafa Jones said:

    Yo digo que andaba borracho, :P

  5. Talya said:

    Excelente. Imagínate que todos los que fueron narraran así su experiencia de las fiestas :)

    Te faltó ir a las clases de baile, valía la pena por la mezcla extraña de parejas mayores enamoradas bailando danzón, viejos rabo verde intentando seducir a la joven y curvilínea bailarina de cha cha cha con sus pasitos estilo tin tan y su sombrerito de los 40, todo enmarcado por los regulares de la cantina, con sus caguamas y replegados a la pared por la gente de las fiestas del Pitic.

    Puro personaje.

    :)

  6. Mafa Jones said:

    ¡Gracias Miss A! n_n! De hecho a mí me encantaría oir o leer las historias de muchos personajes presentes; sobre todo de los de juventud avanzada. Ayer, en una plática de café, estuve escuchando algunos puntos de vista de involucrados en las Fiestas que terminaron en conclusiones muy interesantes y en la reflexión de que -independientemente de las Fiestas anteriores realizadas por los gobiernos panistas- las pasadas serán difíciles de superar el año que entra. Por ahí brincaron algunos nombres de artistas como propuesta para las próximas, ¿a quién traería Usted? Yo, aunque sé que a muchos de los que me leen no les interesa, propondría a Silvio, :) Ya que si traen a Auté, no me molestaría, y cumpliría uno de mis sueños… pero ni lo conocen, dicen, :P

    Esas escenas que me describe me son familiares de Fiestas pasadas, en la cantina Obregón… ¡lástima que no conseguí pareja para entrarle a las clases!, y la verdad le saqué la vuelta a que me tocara alguno de los personajes que menciona pues -con mi suerte- me iba a tocar el Polacas, u_u”

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