Hoy Oswaldo y yo tuvimos una experiencia retro y chingona. Resulta que hace unas semanas él adquirió una Polaroid One600… como la economÃa sube y baja, y al momento las reses eran algo delgadas, fue hasta ésta semana que los planetas se alinearon para brindarle la oportunidad de comprarle la merecida pelÃcula.
Ya que los planes de Semana Santa (planeaba llevarse la cámara de paseo) eran inciertos hasta el dÃa de hoy, la cámara no se habÃa puesto en acción y era parte de la algo-grande colección de aparatos que tenemos en la oficina empolvándose.
Como les decÃa… eso hasta el dÃa de hoy. Por fin se animó y “cargó” a la Polaroid para darle justo uso.
Y si… primero él me tomó una foto. He de confesar que la sensación fue peculiar de sobremanera. Como entes que coexisten en la era digital, estamos acostumbrados a las fotos indiscriminadas (”al cabo que la puedo borrar si no me convence”, piensa uno); pero ahora era diferente: sólo tienes una oportunidad para que la imagen sea de lo y lo que tu deseas.
Me puse nerviosa, como cuando era niña (nunca he sido muy fan de salir a cuadro…), como cuando en los cumpleaños todos posábamos junto al pastel con nuestra mejor cara para no errarle. Sólo tienes una oportunidad, pues.
“Click… tzzzzz”, salió la foto. De volada la tomamos y nos quedamos varios minutos observándola. Es sorprendente el proceso… poco a poco, ante nuestros ojos, se iba revelando la imagen; primero los verdes, luego los rojos y al final los azules. Nos quedamos sin palabras viendo… re-conociendo. Justo ahà recordé el por qué de mi gusto por la fotografÃa.
Luego seguà yo, tomé la segunda foto, primera de Oswaldo. Mismo caso: se puso nervioso, y nos reÃamos como morritos con juguete nuevo y “sorprendente”. Revivimos la etapa de la observación.
Acto seguido: corrimos por nuestras cámaras digitales para tomarle fotos a las fotos, y a nosotros con las fotos… ¡tenÃa que suceder!, ¡’che pareja de fans de la tecnologÃa!, :P
¡Hey! Al menos lo intentamos por un momento… back to the roots, O;)




